El juez interior

 


Escuchar la voz interior


En consulta escucho a diario cómo se hablan muchas personas.

Y, a veces, duele más cómo se tratan que lo que les ha pasado.


Frases duras, exigentes, sin compasión.

Como si por dentro hubiera un juez que no descansa,

que señala errores, minimiza el dolor

y exige seguir adelante como si nada.



Nuestra voz interior lleva las riendas de cómo pensamos

y de cómo habitamos la vida.


Si esa voz es amable, la vida se vuelve más habitable.

Si es crítica, la vida se endurece.

Si es cuidadosa, incluso lo difícil encuentra más armonía.



El juez interior



Muchas personas no viven con una voz que acompaña,

sino con un juez interno.


Un juez que evalúa, corrige y sentencia:


  • “no es suficiente”
  • “otra vez lo has hecho mal”
  • “deberías poder con esto”
  • “no exageres”



No escucha.

No consuela.

No tiene en cuenta el contexto.


Solo exige.


Con el tiempo, vivir bajo ese juez cansa, desgasta y desconecta de uno mismo.


Y lo más importante:

ese juez no nació contigo.

Se aprendió.



Escuchar no es obedecer



Escuchar la voz interior no es darle la razón al juez.

Es darse cuenta de que está ahí.


Cuando dejamos de escucharnos, empezamos a vivir desde el deber,

desde la imagen,

desde lo que se espera.


Y poco a poco, nos perdemos.



Cambiar de figura interna



No se trata de eliminar la exigencia,

sino de cambiar de personaje.


Pasar del juez al acompañante.

A una voz que pregunta en lugar de acusar.

Que orienta en lugar de castigar.


Una voz que dice:

“esto te ha dolido”

“vamos paso a paso”

“no tienes que hacerlo perfecto para ser válido”


A veces no necesitamos que la vida sea más fácil.

Necesitamos que nuestra voz interior deje de tratarnos como culpables.


Escucharla es el primer acto de cuidado. 🤍


Comentarios

Entradas populares