Para no molestar
Cuando ser “peleona” está mal visto: el precio de no ponerte en tu lugar
Cuando somos “peleonas”, está mal visto.
Defender tu territorio.
Decir que algo no te está tratando con respeto.
Nombrar lo que duele, lo que incomoda, lo que no encaja.
Cuesta. Mucho.
Y cuando por fin te atreves, no siempre encuentras comprensión.
Aparecen frases que, poco a poco, te van apagando:
“No tienes mano izquierda.”
“Eres una exagerada.”
“Tienes que aprender a ceder.”
Y entonces dudas.
Te encoges.
Te preguntas si el problema eres tú.
Pero… ¿dónde está realmente el límite?
El conflicto no es ser “peleona”, es haberte olvidado de ti
A muchas personas —especialmente a muchas mujeres— se nos ha enseñado a agradar, a sostener, a no incomodar.
A ser fáciles.
Pero nadie nos enseñó a sostenernos a nosotras mismas.
A defendernos sin culpa.
A decir “esto no” sin sentir que estamos haciendo algo mal.
Por eso, cuando aparece ese lado más firme, más claro, más protector… nos tambaleamos.
Ese lado al que llamas “peleón” no es el problema.
Es una parte muy sana de ti.
Es la parte que:
- mira por tus necesidades,
- reconoce cuando algo no está bien,
- y pone límites para protegerte.
Es la parte que te devuelve a tu centro.
El momento en el que cedes… y te traicionas
No siempre ceder es un problema.
El problema es desde dónde cedes.
Cuando cedes desde el miedo,
desde la necesidad de encajar,
desde el intento de evitar conflicto o de no perder a alguien…
ahí es donde empieza la desconexión contigo.
Porque cada vez que haces eso, pasa algo por dentro:
te dejas en segundo lugar.
Y eso, repetido en el tiempo, tiene un coste muy alto.
Vas perdiendo tu voz.
Vas perdiendo tu claridad.
Vas perdiendo tu verdad.
Y sin darte cuenta… te vas perdiendo a ti.
El verdadero miedo: no es al conflicto, es a la pérdida
Muchas veces no evitamos el conflicto por lo que es,
sino por lo que creemos que puede provocar.
Miedo a que el otro se enfade.
A que se aleje.
A que la relación cambie.
A que nos dejen de querer.
Pero hay algo importante que no solemos mirar:
¿De qué sirve mantener un vínculo
en el que tienes que desaparecer para sostenerlo?
Porque cuando eliges no incomodar fuera,
pero te rompes por dentro,
el precio es demasiado alto.
Aprender a sostenerte: el verdadero equilibrio
No se trata de ir por la vida peleando.
Ni de imponerte.
Ni de dejar de cuidar los vínculos.
Se trata de algo mucho más profundo:
aprender a no abandonarte.
A decir lo que necesitas, incluso con miedo.
A poner límites sin tener que justificarte en exceso.
A tolerar que no siempre vas a gustar cuando eres fiel a ti.
Ahí está el equilibrio.
No en dejar de ser “peleona”,
sino en integrar esa parte como una aliada.
Porque no es la parte que destruye.
Es la que protege.
La que cuida.
La que te mantiene en pie.
No te pierdas por encajar
No lo hagas por encajar.
No lo hagas por evitar conflicto.
No lo hagas por miedo a perder.
Porque en ese intento de no perder fuera,
te pierdes dentro.
Pierdes tu voz.
Pierdes tu verdad.
Y poco a poco… te pierdes a ti.
Y recuperarte después
siempre es más difícil
que haberte sostenido desde el principio.
Si te has visto aquí, quizá no sea casualidad
Si mientras leías esto algo dentro de ti se ha removido,
si te has reconocido en ese callarte, en ese ceder, en ese dudar de ti…
quizá no es que seas “demasiado”.
Quizá llevas demasiado tiempo sin ponerte en tu lugar.
Trabajar esto no va solo de aprender a poner límites.
Va de volver a ti.
De recuperar tu voz sin culpa.
De poder sostenerte sin miedo a perder.
Si sientes que estás en ese punto,
puedo acompañarte en ese proceso.
Un espacio donde no tengas que justificarte,
donde puedas entenderte
y empezar a elegirte de verdad
👉 Escríbeme directamente por WhatsApp
630923060
Comentarios
Publicar un comentario